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13:22
Entre nosotros es común el concepto de que la
persona de fe es aquella que se atreve a pedirle cosas a Dios que nosotros
jamás nos atreveríamos a pedir. Miramos con cierta envidia su vida, porque parece
conseguir resultados más extraordinarios que los que nosotros conseguimos.
Creemos que esto se debe a que esta persona posee mucha fe y se anima a soñar
en grande.
La esencia de la fe
Written By Misael Lorenzo Avila on miércoles, 15 de mayo de 2013 | 13:22
Y los apóstoles dijeron al Señor: ¡Auméntanos la fe! Entonces el Señor
dijo: Si tuvieras fe como un grano de mostaza, dirías a este sicómoro:
«Desarráigate y plántate en el mar». Y os obedecería. Lucas
17.5–6 (LBLA)
El concepto de la obediencia aparece tres veces en este corto pasaje
sobre la fe. Lo vemos en el texto que hoy nos ocupa, pero también aparece en el
versículo 9 y una tercera vez en el versículo 10. La mención de la obediencia
en este contexto nos da una importante pista acerca de lo que es, en realidad,
la fe.
La fe, según lo que Cristo enseñó a sus
discípulos, está ligada con los proyectos de Dios, no de los hombres. La fe no
es un cheque en blanco que Dios le da a sus discípulos para que pidan lo que
quieran, sabiendo que él se compromete a respaldarlos en cualquier cosa que se
propongan. Más bien es la convicción de que Dios cumplirá lo que él ha hablado.
No hace falta más que un rápido recorrido por la
vida de algunos de los grandes héroes de la fe para ver que en cada situación
no hicieron más que obedecer las instrucciones que habían recibido. Abraham
pudo ofrecer a Isaac en sacrificio porque creyó la palabra que había recibido
acerca de un heredero. Moisés dividió las aguas del Mar Rojo porque creyó la
palabra que recibió de Dios. También sacó agua de la roca porque Dios mismo le
había mandado que así lo hiciera. Josué vio la destrucción de Jericó porque
aceptó las instrucciones que Dios le dio acerca de aquella ciudad. Elías
derrotó a los profetas de Baal porque había hecho todas las cosas según la
palabra que había recibido de Dios.
Este es, de hecho, el argumento principal del
autor de Hebreos. En el capítulo 4 escribe: «Temamos, pues, no sea que
permaneciendo aún la promesa de entrar en su reposo, alguno de vosotros parezca
no haberlo alcanzado. También a nosotros se nos ha anunciado la buena nueva
como a ellos; a ellos de nada les sirvió haber oído la palabra, por no ir
acompañada de fe en los que la oyeron» (1–2). De manera que es imposible
ejercer fe en algo que no hemos recibido por palabra del Señor, porque la fe
solamente es aplicable a aquellas situaciones donde Dios ha hablado con claridad
y nos invita a creerle. En el acto de movernos según las instrucciones que
hemos recibido es que encontramos la demostración de la fe.
Para pensar:
«Jamás podrás entender porqué el Señor hace lo que hace; pero si le
crees, sólo eso te hará falta. Aprendamos, pues, a confiar en él por lo que él
es». Elizabet Elliot.
Shaw, C. (2005). Alza tus ojos (16 de mayo). San
José, Costa Rica, Centroamérica: Desarrollo Cristiano Internacional.
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23:30
¡Es tiempo de actuar!
Written By Misael Lorenzo Avila on lunes, 13 de mayo de 2013 | 23:30
La mujer se rió cuando me contó de la vez que despertó a su esposo para decirle que estaba de parto y que tenía que ir al hospital.
Él saltó de la cama, cayó de rodillas, y dijo: «Cariño, vamos a orar.
Ella le dijo que no era el momento de arrodillarse a orar. Era el momento de vestirse y salir para el hospital.
¡Era tiempo de actuar!
Ese fue el tipo de mensaje que Dios le dio a Moisés cuando dijo de los israelitas:
«¿Por qué clamas a mí?» (Éxodo 14:15).
Poco antes, Faraón había permitido a los israelitas salir de Egipto, pero entonces cambió de parecer (vv.5-6). Queriendo traerlos de vuelta, él y su ejército los persiguieron (vv.7-9). Los israelitas se aterrorizaron cuando vieron que los egipcios se acercaban. Estaban atrapados en la costa del mar Rojo sin poder ir a ninguna parte. Pero Moisés aseguró a Israel que Dios los libraría. Ese era el momento de actuar, no de clamar a Él. Era hora de pasar «por en medio del mar, sobre tierra seca» (v.16).
Hay un tiempo adecuado para todo (Eclesiastés 3:1), incluyendo un tiempo de orar y un tiempo de actuar.
Cuando vemos a alguien a quien le falta comida y ropa, es correcto suministrar lo que necesitan (Santiago 2:15-16). A veces necesitamos confiar en Dios y tomar medidas inmediatamente. –Herb Vander Lugt
Tomado de Nuestro Pan Diario
Reflexiones – Renuevo.net
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REFLEXIONES DIARIAS
12:39
Muchas
veces vamos a hacer algo que quizás no está del todo mal ante esta sociedad o
este mundo tan relativos, pero pasamos por alto un solo y gran detalle, Dios no
es un Dios de tiempos, modas o lugares; es un ser eterno, de propósitos, estable
y coherente (Dios no es hombre para que
mienta, ni hijos de hombre para que se arrepienta. Números 23:19).
Dios no es trivial
Written By Misael Lorenzo Avila on domingo, 12 de mayo de 2013 | 12:39
El
Dios todo amor, misericordia y perdón es también un Dios correctivo, formador y
educador (Porque Jehová al que ama castiga, como el padre al hijo a quien
quiere. Proverbios 3:12).
Las
sociedades están compuestas por seres humanos, nosotros por naturaleza nos
adaptamos al medio que nos rodea para sobrevivir de un modo más ´´cómodo´´,
pero muchas veces esa adaptación implica alejarnos, poco a poco, de la voluntad
de Dios, de sus reglas, de sus mandamientos, llegamos al punto de querer
acomodar los mandatos de Dios interpretando las escrituras para calmar nuestra
conciencia, aun sabiendo que hemos fallado, estamos más preocupados por fallarle
al mundo, a la religión, a los amigos, a la familia que por fallarle a Dios.
Ciertamente
Dios es perdón pero nosotros debemos dar unos pasos iniciales para gozar de ese
perdón, 1ro.: reconocer que hemos pecado, 2do.: arrepentirnos de lo que hemos
hecho y 3ro.: pedir perdón a Dios de corazón.
A
continuación les dejamos solo tres ejemplos contenidos en la biblia de hombres
que, conociendo el poder de Dios, pecaron y sus diferentes reacciones y
consecuencias.
1ro: Saúl (1Samuel 15:10-27); ungido rey de Israel, señalado por Dios, conocedor
de la palabra y los mandamientos, recibe una orden explicita y detallada de
Dios por medio del profeta Samuel y la desobedece, a muchos nos ha podido
pasar, el mayor problema estuvo en que quiso encubrir su falta, culpo a otros
por su pecado, desobediencia y falta de carácter, en vez de reconocer y
humillarse a Dios, dio excusas, mintió y se enalteció por su condición de rey,
se olvidó de quien lo había puesto allí, al ver esto Dios lo humillo delante de
todo el pueblo, poniendo sobre él otro rey.
2do: David (2Samuel 11:2-12:25); David, peco tomando a Betsabe, la mujer de otro
hombre, no conforme con eso, al saber que la mujer estaba embarazada, mando a
matar al esposo de ésta, al nacer el niño, Jehová lo hirió de gravedad, al ver
esta consecuencia de su pecado, David reconoció su pecado, se humillo, se
entregó a las manos de Dios para que el hiciera su voluntad, hizo sacrificio,
no obstante a esto recibió su castigo en obediencia a Dios; una vez más,
nuestro Padre muestra su infinito amor y misericordia, lo perdona y le concede
otro hijo, quien más tarde sería el sabio rey Salomón hijo de David.
3ro: Simón Pedro; todos conocemos el relato de como Pedro negó al
señor Jesús tres veces, aun después de haber prometido
que daría su vida por él, el maestro, le respondió, no me negaras una vez Pedro
sino tres veces antes de que cante el gallo, como la palabra de Dios se cumple
en toda su extensión, así paso; pero una vez más vemos actuar el infinito amor
y perdón de Dios cuando después de la resurrección, en su tercera aparición, se
presenta con Pedro y otros seis discípulos para hacerle saber que, a pesar de
su traición, él lo amaba y lo perdonaba y no conforme con eso lo envió a
apacentar a sus ovejas (Juan 21:15-19).
Dios
no es trivial porque, aunque queramos ocultar nuestros pecados, él conoce
nuestros pensamientos aun antes de tenerlos.
No
pensemos o sintamos que tenemos un Dios acusador que vive esperando que
fallemos para condenarnos, animémonos a conocer al Padre con perdón, amor,
gracia y misericordia infinita para sus hijos que se arrepienten del pecado, de
las malas acciones, de los pensamientos indebidos. Luchemos por tener día tras día una
relación más personal con Dios y comprenderemos que más que penitencias
repetitivas e interminables, sacrificios dolorosos o condenas y juicios
eternos, nuestro Padre celestial quiere nuestra OBEDIENCIA, comprendamos que Jesús
es libertad del pecado no cautiverio, que Jesús vino a borrar nuestros pecados
con su sangre no a recordarlos todo el tiempo.
El
cielo y la Tierra pasaran pero mis palabras no pasaran. Mateo 24:35´´. Es
nuestra decisión si queremos vivir siendo Saúl que nunca reconoció su culpa y
en lugar de eso se justificó en otros o si seremos David o Pedro que aun
sabiéndonos pecadores, vinimos humillados a los pies de Cristo para que él nos
exalte con su perdón.
Nuestro
Padre celestial es un Dios de propósitos no de tiempos o circunstancias…
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REFLEXIONES DIARIAS
8:44
Durante muchos años parte de mi actividad hizo que me moviera en los ambientes académicos de las instituciones teológicas de la iglesia. En ellas, gran parte del esfuerzo y tiempo de los que formaban esta comunidad se enfocaba en el estudio, el análisis y la observación de todos los aspectos imaginables de la vida espiritual. Hombres y mujeres de gran inteligencia disertaban acerca de cómo son las cosas relacionadas con Dios y su accionar entre los hombres. En pocas ocasiones, sin embargo, escuché a un profesor o un alumno admitir que había aspectos de la vida espiritual que francamente no entendían. ¿Y cómo iba a ser de otra forma? Se supone que estas instituciones existen para proveer respuestas a los alumnos.
Los secretos del Señor
Written By Misael Lorenzo Avila on domingo, 5 de mayo de 2013 | 8:44
Los secretos del Señor son para los que le temen y él les dará a conocer su pacto. Salmo 25.14 (LBLA)
Cuando nos referimos a la persona de Dios, sin embargo, no nos estamos acercando a una materia como cualquier otra. Él no puede ser analizado, desmenuzado y explicado en términos fácilmente comprensibles para el ser humano. Es un ser cuya esencia es enteramente diferente a la de cualquier otra cosa sobre la faz de la tierra. No se mueve con las leyes que gobiernan la creación, ni puede ser contenido en la abundancia de sabiduría que puedan acumular los hombres. En resumen, está más allá del alcance de la inteligencia de nuestra mente.
En la persona de Dios nos enfrentamos a una realidad diferente. Cuando nos acercamos a estudiarlo, dependemos absolutamente de un requisito: él debe darse a conocer, para no seguir siendo un misterio. De no hacerlo, no podremos descubrir nada por nuestra propia cuenta. El resultado normal del estudio de la persona de Dios debería ser, pues, que cuanto más le observamos y analizamos, más entendemos lo inescrutables que son sus caminos. La respuesta más apropiada sería postramos frente a su grandeza.
Note la ironía de la declaración del salmista: «Los secretos del Señor son para los que le temen». Justamente lo que faltaba en las aulas de muchas de estas instituciones era mayor temor de Jehová. Al contrario, entre muchos profesores y estudiantes ¡había una explicación para todo! El Señor revela sus secretos, sin embargo, justamente a aquellos que no tienen interés en conocerlos. Son las personas en cuyo corazón hay un fuerte sentir de que Dios es un misterio, y que deben acercarse a su persona con silencio y humildad. A ellos, el Señor les hace partícipes de un conocimiento que trasciende las dimensiones de lo académico.
¿Qué nos está diciendo el salmista? A Dios no se le conoce primordialmente por el estudio, sino por la experiencia de vivir en su presencia. Y esa experiencia le es concedida a aquellos cuya pasión no es el estudio de Dios, sino Dios mismo.
Para pensar:
¿Qué importancia le da usted a los estudios? ¿Si hiciera un análisis de su vida, cuánto tiempo pasa estudiando a Dios, y cuánto tiempo disfrutando a Dios? ¿Cómo puede cultivar mayor temor de Su persona?
Shaw, Christopher: Alza Tus Ojos. San José, Costa Rica, Centroamérica : Desarrollo Cristiano Internacional, 2005, S. 5 de mayo
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9:23
Fracasar no significa que no tenemos lo que se necesita… lo que sí significa es que necesitamos hacer algo de manera diferente.
Fracasar no significa que hemos desperdiciado nuestra vida… lo que sí significa es que tenemos una razón para comenzar
La Verdad del Fracaso
Written By Misael Lorenzo Avila on viernes, 3 de mayo de 2013 | 9:23
Fracasar no significa que somos fracasados… lo que sí significa es que todavía no hemos triunfado.
Fracasar no significa que no hayamos logrado nada… lo que sí significa es que hemos aprendido algo.
Fracasar no significa que hemos sido unos tontos… lo que sí significa es que teníamos mucha fe.
Fracasar no significa que nos hemos desgraciado… lo que sí significa es que estuvimos dispuestos a intentarlo
Fracasar no significa que somos inferiores… lo que sí significa es que no somos perfectos.
de nuevo.
Fracasar no significa que debiéramos rendirnos… lo que sí significa es que debemos intentarlo con más fuerza.
Fracasar no significa que nunca lo lograremos… lo que sí significa es que nos tomará un poquito más de tiempo.
Aún cuando tu caída haya sido desastrosa, recuerda que Dios saca provecho de todo, si con mi corazón humilde, reconozco y me dejo guiar por su mano poderosa.
Dios me libró de caer en la tumba;¡estoy vivo y disfruto de la luz! Job 33:28
Sólo una cosa te pido: si acaso llego a caer, no les concedas el gusto de burlarse de mí. Salmo 38:16
Yo estuve a punto de caer, y poco me faltó para que resbalara. Salmo 73:2
Por:
http://www.renuevodeplenitud.com/reflexiones-la-verdad-del-fracaso.html#
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23:37

El alma abatida
Written By Misael Lorenzo Avila on martes, 30 de abril de 2013 | 23:37
¿Por qué te abates, alma mía, y por qué te turbas dentro de mí?Espera en Dios, pues he de alabarle otra vez por la salvación de su presencia. Salmos 42.5

Este es un salmo escrito por un hombre envuelto en un profunda lucha personal. En el versículo 3, el salmista describe su condición: «Mis lágrimas han sido mi alimento de día y de noche». En el versículo 6, con una franqueza que nos asombra, confiesa: «Dios mío, mi alma está en mí deprimida» (LBLA).
Para muchos de nosotros, la depresión es inadmisible en quienes pertenecen al pueblo de Dios. ¿Cómo alguien que tiene acceso al poder ilimitado del Dios de los cielos y la tierra puede llegar a estar deprimido? Creyendo que esto es un pecado, nos esforzamos por mostrar esos valientes -pero huecos- despliegues de triunfalismo que pretenden convencer a los demás que estamos viviendo la victoria de Cristo cada día.
La verdad es que la vida con frecuencia nos lleva por caminos en los cuales experimentamos toda la gama de emociones y sentimientos que son propios de nuestra frágil humanidad. En la honesta confesión del salmista no encontramos otra cosa que la sincera expresión de sentimientos con los cuales todos hemos luchado en ocasiones. ¡Hasta el Hijo de Dios no se vio librado de ellos! Frente a la inminencia de la muerte, confesó a sus más íntimos: «Mi alma está muy afligida, hasta el punto de la muerte». (Mt 26.38 - LBLA).
El problema no está en experimentar estos sentimientos. Ellos son la reacción de nuestra alma a situaciones adversas y tristes; normales en cualquier persona. La complicación radica en la tendencia a dejar que nuestros sentimientos sean los que gobiernan nuestra vida. Es precisamente en esto que muchos cristianos caen. Ceden frente a los sentimientos de abatimiento, angustia, tristeza y desánimo y esto los lleva a abandonar la oración, la congregación y su devoción a Dios. Esto, a su vez, produce aún mayor depresión.
Nuestros sentimientos son inestables, cambiantes y poco confiables. Piense en todas las cosas que tenemos que hacer cada día, y no podemos depender de lo que sentimos. Sólo salir de la cama cada mañana implica, para algunos, ¡librar batalla con las emociones! No obstante, hacemos caso omiso del revoltijo interior y sacamos el pie de la cama.
El salmista reconocía el peligro de permitir que sus sentimientos comenzaran a dirigir su vida, y él mismo confrontaba con disciplina a su corazón: «¿Por qué te abates, alma mía, y por qué te turbas dentro de mí?» Luego, con tono firme, le dio una orden: «Espera en Dios, pues he de alabarle otra vez por la salvación de su presencia». Esto es imponer los principios eternos de la Palabra sobre los sentimientos pasajeros del momento. Muchas veces, como líder, usted tendrá que dar este ejemplo de disciplina a los suyos.
Para pensar:
¿Cuáles son los sentimientos con los que lucha con más frecuencia? ¿A qué comportamientos lo invitan estos sentimientos? ¿Qué necesita hacer para que sus sentimientos no gobiernen su vida? ¿Cómo puede vivir una vida de mayor estabilidad emocional?
Shaw, Christopher: Alza Tus Ojos. San José, Costa Rica, Centroamérica : Desarrollo Cristiano Internacional, 2005, S. 3 de mayo
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22:17
Líderes con gracia
Written By Misael Lorenzo Avila on lunes, 29 de abril de 2013 | 22:17
Esteban, lleno de gracia y de poder, hacía grandes prodigios y señales entre el pueblo. Hechos 6.8
Para describir a sus líderes, el pueblo puede referirse a diferentes aspectos de ellos. Pueden hablar de su sentido de responsabilidad y dedicación al ministerio. Quizás escojan hablar más de su inteligencia para resolver dificultades. Otros pueden alabar las virtudes del líder como predicador o maestro. Las cualidades y los elementos que distinguen la vida de los que sirven en la iglesia pueden ser muy variados. No es muy frecuente, sin embargo, escuchar a una congregación decir de su líder: «es una persona llena de gracia».
¿En qué pensaba el autor del libro de los Hechos cuando decía que Esteban era un hombre lleno de gracia? Seguramente estaba citando el testimonio que la iglesia misma había dado de este extraordinario diácono. ¿Y en qué cualidades pensaban ellos cuando decían que Esteban era un hombre lleno de gracia? Unos versículos más adelante, Lucas nos dice que los integrantes del Concilio, «al fijar los ojos en él, vieron su rostro como el rostro de un ángel» (6.15).
Quizás esta frase nos ayude a descifrar lo que significa la expresión «lleno de gracia». Parece referirse a algo sobrenatural, algo no producido por los hombres, algo que tiene una cualidad celestial. A decir verdad, es precisamente por esto que se nos hace difícil entender lo que es estar lleno de gracia, porque es un concepto muy alejado de la realidad cotidiana del ser humano. En nuestro entorno prima la ley del esfuerzo. Nadie en este mundo llega a algo si no es por este camino. Y esto lleva implícito tener que competir con otros para dejarlos fuera de la carrera. Solamente los más disciplinados y decididos llegan a conquistar los lugares de mayor poder y prestigio.
La gracia se mueve en otra esfera completamente diferente. El entorno ideal para su manifestación es el de la debilidad, la fragilidad y la inseguridad. Lo vemos más frecuentemente entre aquellos que no inspiran naturalmente por sus cualidades luchadoras. La gracia se hace fuerte en situaciones donde los propios recursos se han agotado. Viene sobre nuestras vidas cuando reconocemos que el camino a recorrer es imposible de conquistar.
Cuando la iglesia describía a Esteban como un hombre lleno de gracia, por lo tanto, estaba describiendo a un líder que ministraba desde su debilidad, no desde sus fuerzas. Era una persona que tenía profunda conciencia de su falta de capacidad para hacer lo que se le había encomendado hacer. Le faltaba eficiencia; carecía de elocuencia; quizás sus fuerzas físicas eran muy escasas. No sabemos con certeza dónde estaban sus debilidades. Lo que sí podemos afirmar es que la iglesia veía en él un hombre absolutamente dependiente de Dios en todo y para todo. En fin, era un hombre ¡lleno de gracia!
Para pensar:
¿Cómo lo describiría a usted la gente de su congregación? ¿Qué cualidades de su persona escogerían para resaltar? ¿Le perciben ellos como alguien que es absolutamente conciente de su falta de aptitud para hacer lo que se le ha mandado hacer? Qué maravilloso sería que pudieran decir de usted y de mí: son personas ¡llenas de gracia!
Shaw, Christopher: Alza Tus Ojos. San José, Costa Rica, Centroamérica : Desarrollo Cristiano Internacional, 2005, S. 1 de mayo
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23:59
El clamor de Nehemías es uno de los mejores ejemplos que tenemos en las Escrituras de lo que es la oración. En ella encontramos expresados los grandes temas que son parte de una verdadera comprensión del mundo espiritual en la que nos movemos. Sirve como modelo para nuestras propias oraciones. No obstante, si bien podemos copiar e imitar diferentes aspectos de esta oración, la verdad es que vemos en ella el corazón de un hombre que había sido quebrantado por el Espíritu de Dios, y esto no puede ser copiado.
Quebrantamiento espiritual
Written By Misael Lorenzo Avila on viernes, 26 de abril de 2013 | 23:59
Esté ahora atento tu oído y abiertos tus ojos para oir la oración de tu siervo, que hago ahora delante de ti, día y noche, por los hijos de Israel, tus siervos. Confieso los pecados que los hijos de Israel hemos cometido contra ti; sí, yo y la casa de mi padre hemos pecado. En extremo nos hemos corrompido contra ti y no hemos guardado los mandamientos, estatutos y preceptos que diste a Moisés, tu siervo. Nehemías 1.6–7
El clamor de Nehemías es uno de los mejores ejemplos que tenemos en las Escrituras de lo que es la oración. En ella encontramos expresados los grandes temas que son parte de una verdadera comprensión del mundo espiritual en la que nos movemos. Sirve como modelo para nuestras propias oraciones. No obstante, si bien podemos copiar e imitar diferentes aspectos de esta oración, la verdad es que vemos en ella el corazón de un hombre que había sido quebrantado por el Espíritu de Dios, y esto no puede ser copiado.
Quisiera concentrarme en un aspecto de este quebrantamiento espiritual; tiene que ver con la confesión de pecados que hace Nehemías. Es común entre nosotros escuchar fogosas denuncias de los pecados que han cometido otros, o de los pecados que son parte de la iglesia en general. Estas denuncias van acompañadas de cierto tono de superioridad, pues los que las realizan se sienten libres de estos mismos pecados.
Este tipo de denuncia no viene del Espíritu. Cuando una persona realmente ha sido quebrantada por Dios, no habla del pecado de «ellos», sino del pecado de «nosotros». Nehemías no había vivido durante la época de extrema dureza espiritual que eventualmente produjo la invasión de Israel y el exilio de sus habitantes. Sin embargo, Nehemías ora por el pecado que «yo y la casa de mi padre» hemos cometido contra ti. El copero del rey había reconocido que la misma semilla de rebeldía y dureza de corazón que había existido en la vida de sus antepasados también se encontraba en su propio corazón.
Esta percepción espiritual del pecado es también la que tuvo Isaías cuando vio al Señor sentado en su santo templo. No exclamó: «Ay de mí, porque habito en medio de un pueblo inmundo!» Más bien exclamó: «¡Ay de mí...! siendo hombre inmundo de labios y habitando en medio de un pueblo que tiene labios inmundos» (Is 6.5). La magnífica revelación de la grandeza y santidad de Dios le permitió ver que el pecado había contaminado por completo no solamente la vida de los demás, sino también la suya.
Cómo líder usted debe saber que las airadas denuncias de pecado en los demás rara vez producen cambios. Al contrario, los que las escuchan se sienten agredidos y condenados. Cuando estas mismas personas ven, sin embargo, que usted está quebrantado por el pecado en su propia vida primeramente, se sentirán también impulsados a buscar la purificación de parte de Dios. Y este tipo de quebranto es producto de estar en la presencia de Aquel que es luz y santidad.
Para pensar:
¿Cómo reacciona frente al pecado de los demás? ¿Qué revela esto acerca de la clase de persona que usted es? ¿Cuánto tiempo le dedica a la confesión de sus propios pecados?
Shaw, Christopher: Alza Tus Ojos. San José, Costa Rica, Centroamérica : Desarrollo Cristiano Internacional, 2005, S. 26 de abril
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7:38

La disciplina de la gratitud
Written By Misael Lorenzo Avila on viernes, 19 de abril de 2013 | 7:38
Cantad alegres a Dios, habitantes de toda la tierra. Servid a Jehová con alegría; venid ante su presencia con regocijo. Reconoced que Jehová es Dios; él nos hizo y no nosotros a nosotros mismos; pueblo suyo somos y ovejas de su prado. Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con alabanza. ¡Alabadle, bendecid su nombre! porque Jehová es bueno; para siempre es su misericordia. Salmo 100.1–5

¿Ha reparado en la característica de los verbos de este salmo, que invitan a una celebración de la bondad de Dios? Todos ellos son mandamientos: cantad, servid, venid, reconoced, entrad, alabadle, bendecid su nombre. Qué cosa extraña, ¿verdad?
El salmista nos invita -en realidad nos ordena- a que nos detengamos para pensar en nuestra existencia, no con una perspectiva humana, sino como participantes de una realidad que trasciende lo terrenal. Nos anima a que nos unamos a otros para, como dice Dallas Willard, «meditar en la grandeza de Dios, revelada en su infinita bondad hacia nosotros». El salmista confía que sólo detenerse para este ejercicio producirá en nosotros un aire festivo, ¡con abundancia de alegría, regocijo, gratitud, alabanza y declaraciones de la bondad de Dios!
Piense un momento en cuál es nuestra realidad:
Él creó los cielos… nosotros los disfrutamos.
Él hizo el aire… nosotros lo respiramos.
Él proveyó la comida… nosotros la degustamos.
Él nos regaló amigos… nosotros los atesoramos.
Él nos dio sueños… nosotros los soñamos.
Él nos otorgó dones… nosotros los usamos.
Él nos concedió un ministerio… nosotros lo realizamos.
Él proveyó una familia… nosotros la administramos.
Si dejáramos que su Espíritu nos guiara en este ejercicio, nuestra lista podría ser interminable. Todo, absolutamente todo lo que tenemos y disfrutamos a diario, viene de su mano bondadosa.
Cuán importante es para nosotros, preocupados con los quehaceres del ministerio, ¡detenernos para celebrar las multifacéticas manifestaciones de la bondad de Dios! El gozo y la gratitud son el gran antídoto contra la desesperación. Por esta razón, el salmista nos anima a que nos unamos al espíritu de festejo de los que son parte del pueblo de Dios: «Porque Jehová es bueno; para siempre es su misericordia».
Para pensar:
Cuando nota que su estado de ánimo está decayendo y la depresión está al acecho, ese es el momento de entrar por sus puertas con gratitud. Al principio, solamente su voluntad le acompañará. Sus emociones se retirarán, ofendidas, a un rincón de su alma. Si usted persiste, sin embargo, ellas no podrán resistirse al espíritu de celebración que lentamente se va apoderando de su ser. Eventualmente, aun su cuerpo no querrá que lo dejen afuera de la fiesta. Practique la disciplina de la celebración. ¡No será la misma persona que antes!
Shaw, Christopher: Alza Tus Ojos. San José, Costa Rica, Centroamérica : Desarrollo Cristiano Internacional, 2005, S. 23 de abril
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22:47
Uno de los elementos que prueban a fuego el corazón del líder es el éxito. Muchos líderes, que en tiempos de trabajo y esfuerzo se condujeron con verdadera santidad y entrega, caen por el orgullo y la soberbia cuando empiezan a cosechar los frutos de ese esfuerzo. Sus ministerios crecen, su autoridad es reconocida, su trayectoria es honrada, ¡y empiezan a creer que el reino avanza pura y exclusivamente por su accionar! La sencillez y la humildad de los años en los cuales iniciaron su trabajo desaparecen como las hojas otoñales. En su lugar queda una actitud que marchita a los de su alrededor.
El lado oscuro del éxito
Written By Misael Lorenzo Avila on lunes, 15 de abril de 2013 | 22:47
Pero Jonás se disgustó en extremo, y se enojó. Así que oró a Jehová y le dijo: «¡Ah, Jehová!, ¿no es esto lo que yo decía cuando aún estaba en mi tierra? Por eso me apresuré a huir a Tarsis, porque yo sabía que tú eres un Dios clemente y piadoso, tardo en enojarte y de gran misericordia, que te arrepientes del mal. Ahora, pues, Jehová, te ruego que me quites la vida, porque mejor me es la muerte que la vida». Jonás 4.1–3
Tal parece ser la experiencia de Jonás. Las posibilidades de que los asirios recibieran con agrado el mensaje que Jonás traía ¡eran remotas en extremo! Marchaba hacia una muerte segura, pues, ¿qué recibimiento podía esperar un hombre que venía a la nación más poderosa de la tierra para decirle que Dios la iba a aniquilar? Contra toda expectativa, sin embargo, la gente escuchó el mensaje del desventurado profeta. No solamente esto, sino que llegó a oídos del rey mismo. La ciudad entera se vistió de cilicio y clamó a Dios por misericordia. ¿Qué hombre no se sentiría con autoridad frente a semejante respuesta? ¿Quién de nosotros no se hubiera sentido más importante de lo que realmente era? ¡Así también lo sintió Jonás!
En medio de esta intoxicante acogida, Dios decide perdonarle la vida a los asirios. Para el profeta, ¡este fue un duro revés! ¿Cómo justificaba ahora su profecía de la inminente destrucción de Nínive? ¿Acaso Dios no lo estaba desautorizando? Había perdido credibilidad, y esto le molestó profundamente.
¿Cómo no entender su reacción? En más de una ocasión hemos sentido sutiles insinuaciones acerca del rol «fundamental» que ha tenido nuestro papel en producir una respuesta en los que ministramos. ¡Con cuánta facilidad cedemos frente a esta vana forma de ver las cosas!
Para pensar:
¿Será usted la clase de persona a quien Dios le puede confiar algunos éxitos ministeriales? Para serlo, necesitamos la misma profunda convicción que tuvo Juan el Bautista. Sus discípulos, indignados por el «robo de ovejas» que estaba realizando Jesús, le animaron a defender los frutos de «su» ministerio. El gran profeta exclamó: «No puede el hombre recibir nada a menos que le sea dado del cielo. Vosotros mismos me sois testigos de que dije: “Yo no soy el Cristo, sino que soy enviado delante de él”. El que tiene a la esposa es el esposo; pero el amigo del esposo, el que está a su lado y lo oye, se goza grandemente de la voz del esposo. Por eso, mi gozo está completo. Es necesario que él crezca, y que yo disminuya». (Jn 3.27–30).
Shaw, Christopher: Alza Tus Ojos. San José, Costa Rica, Centroamérica : Desarrollo Cristiano Internacional, 2005, S. 15 de abril
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